La Casa Negra de la colonia Roma



De estilo porfiriano, aspecto lúgubre y desolador, la casa negra de la colonia Roma, es uno de los sitios con una de las historias más crueles de la ciudad. 
La casa fue un refugio de infectados con tifoidea donde se brindaba atención médica las 24 horas. 
Para 1935 los casos de tifoidea incrementaron a tal grado, que algunos grupos religiosos de la ciudad creyeron que, más que una epidemia, la enfermedad era reflejo de una posesión demoniaca colectiva, por lo que una noche, los vecinos le prendieron fuego a la casa, con pacientes y doctores dentro y cerraron puertas y ventanas para impedir que alguien escapara. 



A pesar de que la estructura de la casa soportó el incendio, los pacientes, médicos y enfermeras, murieron quemados o asfixiados por el intenso humo.

Esta vivienda ubicada en el número 191 de Álvaro Obregón, después de unos años fue vendida a un señor acaudalado de apellido Mondragón, que ocupó la casa con su familia.

Un mes después de habitar la casa, los cinco integrantes de la familia amanecieron muertos, de forma extraña y profundamente misteriosa, ya que ni los investigadores pudieron determinar las causas de las muertes. Se cree que eso condenó la casa a una maldición de la cual no ha podido librarse.

Se dice que se escuchan gritos pidiendo ayuda, azotes de puertas y ventanas. 
Es considerada una de las casas más embrujadas de la colonia Roma, y no ha podido ser restaurada por la gran cantidad de fenómenos paranormales, que ha hecho que los trabajadores se vayan corriendo aterrados.

Debido a que la casa quedó en manos del gobierno, nadie la ha podido ocupar ni como vivienda, ni como oficina, y ahora está abandonada. 

Hace unos años un grupo de okupas y algunos indigentes intentaron vivir en esa casa, pero sacaron sus cosas apenas alumbró el día siguiente pues dijeron que escucharon gritos y personas hablándoles al oído durante toda la noche.

El tiempo ha consumido la fachada de la casa negra convirtiéndola en un mural de grafitis y estampas; el interior está maltrecho, y las inclemencias del tiempo han hecho lo suyo destruyendo su aspecto cada día más. Aunque no es un lugar turístico, el solo hecho de pasar por fuera dan escalofríos.



Hoy algunos de los vendedores informales de enfrente, guardan sus cosas en la entrada (la puerta se puede abrir un poco para meter y sacar cosas) pues dicen que si se meten más empiezan a sentir unas manos invisibles que los empujan hacia afuera. De hecho, quienes tienen sus puestos más cerca de la puerta y las ventanas de la casa, dicen que a partir de las 10 pm el frío se vuelve insoportable sin importar cuán calientes estén sus parrillas. No cabe duda de que, haya fantasmas o no, esa casa tiene la intensidad y las historias suficientes para predisponer a cualquiera.



El oso de la oscuridad 🐻

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